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Author's Chapter Notes:

Bueno, pues como no soy muy dada a los fics largos, aquí hay otro one-shoot.

Lo cierto es que no es mucho, pero si alguien lo lee, espero que lo disfrue.

Un beso. 

Spock enredó sus dedos en los cortos mechones de Jim, acariciando con sumo cuidado su cabeza, a la altura de la frente.

El joven Capitán estaba inmóvil en la cama de la enfermería, conectado a infinidad de aparatos instalados por McCoy. Su respiración era pesada y lenta tras la mascarilla que portaba, y sus ojos estaban cerrados, como si estuviese muert...

Spock sacudió la cabeza. No podía ni quería pensar eso.

Había conseguido recuperar a su Capitán, a su amigo, y estaba todavía vivo. Por poco, pero lo estaba. No se iba a permitir pensar en lo contrario. Por una vez se había propuesto ignorar las estadísticas que se formulaban solas en su mente, por una vez había decidido no pensar con la lógica. Esta vez, haría caso a sus sentimientos humanos. Solo por una vez, dejaría que la parte más débil de él mismo saliese a la luz. Por Jim. Porque es era lo que James hubiese hecho en su lugar, y se lo merecía.

Los ojos oscuros de Spock volvieron a evaluarlo, intentando buscar un solo cambio que le diese una mínima esperanza. Pero nada. Jim continuaba igual. En la misma postura, mientras los aparatos pitaban de forma rítmica, delatando el ritmo de su corazón.

Spock se preguntó si Jim estaría soñando algo. Bien era cierto que los vulcanos no eran capaces de soñar, pero él sabía que los humanos sí que lo hacían. El Primer Oficial no alcanza a comprender del todo la naturaleza de los sueños. Solo sabía que a veces eran placenteros y a veces terribles, y que solo tenían lugar dentro de la mente del sujeto que los experimentaba cuando estaba inconsciente. Nada más. Nunca se llegaban a exteriorizar.

Todo lo que giraba entorno a Jim era un misterio para Spock.

A veces se dejaba llevar por sus sentimientos, y a veces intentaba razonar. A veces era avaricioso y otras sacrificaba su vida por la de los demás. A veces era tranquilo, y otras un auténtico terremoto. En ocasiones estaba de buen humor, y en otras, simplemente era mejor no hablarle. Unos días era amable y otros huraño. En un momento estaba trabajando en el Puente de Mando como si le fuese la vida en ello, y al siguiente estaba vagueando y comiendo manzanas en la silla de Capitán. Jim era un auténtico vaivén de sentimientos y emociones. Era kamikaze y absurdo, al igual que también era sabio y pausado. No había un patrón por el cual empezar a evaluar de James Tiberius Kirk, y eso fascinaba y fastidiaba en partes iguales a la cuadriculada y ordenada mente de Spock.

Los vulcanos eran la clara personificación del orden y la lógica. Todo estaba donde tenía que estar, nada se salía de su cuadriculado mundo, y eso a veces era gratificante. Donde otros sufrían, ellos simplemente veían estadísticas. Donde otros se molestaban, ellos solo ignoraban. ¿Pero hasta qué punto eso era beneficioso? Bien era cierto que las cosas así dolían menos, ¿pero ese hecho era positivo o negativo? Seguro que si Jim hubiese podido responderle, se habría reído de él y le habría asegurado que ser un elfo con el corazón de piedra no lo iba a llevar a ningún sitio.

¿Por qué se empeñaba James siempre en llamarlo "elfo"? ¿Acaso se habría propuesto intentar molestarlo y despertar algún sentimiento en él, aunque fuese negativo? Spock veía ilógico que lo comparase con una raza ficticia, pero realmente nunca le había llegado a molestar.

De pronto, el ritmo frenético de sus pensamientos se vio interrumpido por una intensificación del pitido que informaba sobre el ritmo cardiaco de Jim. Estaba en aumento. ¿Eso era bueno o malo?

Spock estaba a punto de ir a buscar a McCoy cuando Jim empezó a abrir los ojos.

El vulcano siguió acariciando sus rubios mechones lentamente, en un intento de hacerle entender que ya estaba en la Enterprise, que estaba de nuevo en casa y que no estaba solo.

James tuvo que hacer varios intentos hasta que por fin pudo abrir del todo los ojos, los cuales clavó directamente en Spock con un brillo confuso y perdido.

-Ya está...- susurró el vulcano con voz suave- ya todo ha acabado. La nave hostil fue destruída- Jim parpadeó un momento, asintiendo casi imperceptiblemente, y Spock se alegró de que pudiese escucharlo y entenderlo.

Estaban ellos dos solos en la enfermería, y McCoy había rebajado ligeramente la luz blanca de la estancia para que no deslumbrase a Jim al despertar.

Al vulcano le pareció ver que Jim sonreía levemente tras la máscara. Esa era una de las cosas que más admiraba del Capitán: sonreía de forma ilógica hasta en la situación más adversa, y eso, por lo que él sabía, era una actitud muy preciada entre los humanos, pero muy difícil de llevar a cabo. Sin embargo, para Jim, o era de lo más sencillo, o se esforzaba por hacerlo siempre.

-¿Te duele?- susurró Spock con un hilo de voz, sin dejar de acariciarlo. Por algún motivo encontraba muy gratificante el hecho de estar acariciándolo. Tal vez fuese porque sabía que a Jim le gustaba.

El joven Capitán negó levemente con la cabeza, pero lo cierto era que la herida del vientre le escocía y le dolía horrores. Además, a penas podía moverse a causa de la anestesia que le debía haber administrado McCoy, y le resultaba realmente incómodo.

Jim luchaba con todas sus fuerzas por no cerrar los ojos, por mantenerse despierto unos minutos más, pero los párpados le pesaban y sentía los ojos llorosos. Las relajantes y suaves caricias de Spock tampoco lo ayudaban a mantenerse despierto, pero aun así le encantaban.

Tenía miles de preguntas en la mente, como "¿qué ha pasado?", "¿cómo me has rescatado?", "¿qué ha pasado con nuestros enemigos?", "¿tú resultaste herido?". Jim ardía en deseos de formular todas esas preguntas en voz alta, pero ni siquiera podía despegar los labios sin que ello supusiese un esfuerzo titánico.

James se fijó en el corte de la sien de Spock, de igual manera que también reparó en el corte del labio. Quería saber si tenía alguna herida más grave, pero no encontraba la manera de contactar con él, aparte se asentir o negar con la cabeza. El Capitán se quedó un momento embobado mirando el color verdoso de las heridas. Ya sabía que la sangre de Spock era verde, y no era la primera vez que la veía, pero aun así, no pudo dejar de fascinarse por un momento.

Reuniendo toda su fuerza de voluntad, el Capitán por fin pudo levantar un poco la mano, tratando de captar la atención de Spock. El vulcano lo miró, frunciendo el ceño con confusión.

-¿Qué...?- preguntó él en voz baja- ¿Necesitas alguna cosa?

Jim únicamente fue capaz de asentir y mover ligeramente de nuevo la mano.

-No puedo entenderte... -Spock llevó su propia mano a la de Jim, con su habitual posición de dedos índice y corazón, y meñique y anular, juntos. Jim hizo un esfuerzo por rodear los dedos de Spock, y éste se los sujetó para que la mano no le cayese muerta de nuevo a las sábanas. Con un esfuerzo que a James le pareció sobrenatural, consiguió llevar ambas manos a su propia cabeza- ¿me estás pidiendo que fusione mi mente con la tuya?- preguntó al fin Spock. Jim asintió débilmente, aliviado de que el vulcano lo hubiese entendido a la primera.

Fue lo único que se le ocurrió para poder contactar con él sin necesidad de hablar. No sabía muy bien a qué se estaba exponiendo exactamente, pero en realidad no tenía grandes secretos que ocultarle a su Primer Oficial, de modo que no tuvo miedo.

Spock dejó de acariciarlo por un momento y bajó sus dedos a su sien y mejilla, en posición de fusionar sus mentes. Con la otra mano, sin embargo, siguió aguantando la de Jim cuidadosamente.

El contacto con la mente de Spock fue sorprendente para él. Era difícil de explicar exactamente qué se sentía, pero percibió en ella algo tan majestuoso, elegante, ordenado y colosal, que por un momento avergonzó a Jim de su propia simplicidad en comparación. Era un lugar ligeramente frío, pero acogedor a la vez. Su mente estaba en una agradable penumbra, casi relajante, rozando un sentimiento zen de lo más tranquilizador. Era como si todo en esa mente estuviese como tenía que estar para que alguien pudiese vivir cómodamente en ella. Era muy semejante a la mente del Spock anciano, sin embargo, habían algunas pequeñas variaciones que a James no le costó identificar. 

Por su parte, Spock también se sorprendió al entrar en contacto con la mente de Jim. No era la primera vez que establecía una conexión con un humano, pero en la de él había algo diferente. Era un lugar casi excesivamente luminoso, pero no desagradable. Todo estaba en un perfecto desorden. Los recuerdos iban y venían, y se mezclaban unos con otros. Habían sentimientos y emociones esparcidas por doquier; tan pronto se podía encontrar un sentimiento de rabia que uno de cariño. La conciencia de Jim era toda una contradicción, algo que los vulcanos odiaban, sin embargo, Spock se encontró cómodo en ese perfecto embrollo de cosas.

"¿Jim?" Preguntó Spock. Y el Capitán supo que sus labios no se habían despegado, sino que esa pregunta había resonado en lo más profundo de él.

"¿Spock?" Respondió él, todavía sin saber si lo estaba haciendo bien.

"¿Te encuentras bien? ¿Necesitas que le pida alguna cosa a McCoy?" Incluso en su mente, Spock hablaba en un tono bajo y tranquilo, cosa que Jim agradeció.

"No..." Respondió el Capitán "necesito saber qué es lo que ha pasado, por favor".

Spock, en lugar de contárselo, le pasó imágenes mentales sobre la batalla que se había librado. Todas eran desde el punto de vista del vulcano, y estaban impregnadas de sus emociones. Fue un sentimiento extraño y curioso para Jim poder ver el mundo desde la perspectiva de su Primer Oficial.

Vio explosiones a su alrededor, y sintió el calor que emanaban como si hubiese sido él mismo quien estaba al lado. Se vio disparar la phaser, y lo único que le delataba que no era él, sino Spock, eran las mangas azules de su uniforme. También sintió gran cantidad de golpes. Algunos más dolorosos que otros, pero todos reales.

Y por último se vio a sí mismo desde los ojos de Spock, peleándose a muerte contra el Capitán de la nave enemiga. Repartía golpes a diestro y siniestro y también recibía también gran cantidad de ellos. Finalmente, pudo contemplarse mientras disparaba a su enemigo con la phaser que había quedado olvidada en el suelo, poniendo fin al combate.

Jim recordó el júbilo que había sentido al ganar la batalla, pero pronto su felicidad se vio interrumpida por el intenso dolor de una daga clavándose en su estómago. Alguien la había lanzado desde lejos y se disponía acabar lo que había empezado, lanzándose sobre él. Sin embargo, el enemigo no llegó a tocarlo, puesto que Spock ya se había lanzado violentamente sobre él para pararlo.

Jim pudo contemplar desde la percepción de Spock como le partía el cuello sin dificultad. No fue agradable verlo, pero sí un gran alivio. Seguidamente, sus ojos se giraron hacia él, y se vio inconsciente en el suelo, con la daga clavada profundamente y la sangre emanando de la herida.

De pronto, un intenso sentimiento se apoderó de su mente. Era un sentimiento de rabia, dolor, impotencia, sed de venganza y miedo. Un sentimiento tan fuerte que jamás se hubiese imaginado que pudiese venir desde lo más profundo de la mente de Spock.

Acto seguido, estaba arrodillado al lado de sí mismo, colocando la mano cerca de la herida pero sin retirar la daga, pues eso solo provocaría que se desangrase más rápido. James, por sí mismo, ya no recordaba absolutamente nada de ese momento, por lo que solo podía recurrir a la mente de Spcok para saber acerca de lo acontecido.

Al mirar alrededor, se dio cuenta de que no quedaba nadie de la nave enemiga en pie, excepto los prisioneros que se habían rendido. A lo lejos, pudo distinguir a Bones corriendo hacia él.

—Maldita sea— escuchó. Luego McCoy siguió hablando, pero las palabras se tornaron difusas a medida que Spock comenzaba a retirarse de su mente.

Finalmente, se encontró de nuevo solo en su conciencia y pudo abrir los ojos, mirando a Spock.

—Luego cogimos a los que se rindieron y volvimos a la nave. Has estado cinco días inconsciente— informó el vulcano, con su voz suave y serena— te alegrará saber que las reparaciones ya están prácticamente acabadas y que en dos días podremos volver a ponernos en marcha.

James lo escuchó atentamente, complacido. Después se quedó mirando a Spock un momento a los ojos, sin poder quitarse de la cabeza lo que acababa de ver en su mente. Había sentido. Ya tenía la sospecha y certeza de que Spock era capaz de sentir cosas, pero jamás en su vida se hubiese imaginado que pudiese hacerlo de una forma tan primitiva, tan intensa y brutal.

De pronto, se dio cuenta de que Spock había dejado la mano junto a su cabeza, pero había dejado de acariciarla. Con un suspiro tras la máscara y un esfuerzo importante, la movió, reclamando su atención. El vulcano lo observó un momento, con una leve perplejidad en el rostro, pero lo entendió perfectamente y volvió a regalarle las suaves caricias del principio.

James no pudo evitar entornar los ojos, sintiéndose totalmente a gusto.

No tuvieron que pasar más de dos minutos para que volviesen a cerrársele, entregándolo de nuevo a su soporífera inconsciencia. Lo último que sintió antes de caer del todo, fue un cariñoso beso depositado en su frente por parte de Spock quien, incorrectamente, ya lo había supuesto dormido.

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